Hasta hace un año, había una tiendecilla de aspecto mugriento cerca de ‘Los Siete Cuadrantes’, sobre la que campeaba un letrero amarillo deteriorado por la intemperie, con el nombre de ‘C. Cave, Naturalista y Anticuario’. El escaparate estaba lleno de mercancías curiosamente abigarradas. Comprendía colmillos de elefante y un juego incompleto de piezas de ajedrez, abalorios y armas, un estuche con ojos, dos calaveras de tigre y una humana, dos monos disecados (uno de ellos sostenía una lámpara), una vitrina anticuada, un huevo de avestruz podri…
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