Por Josefina Barrón Para mí al menos, el mejor compañero de un escritor es su mochila interior. Sus herramientas: sus sentidos. La palabra, un amasijo al que dará forma para luego dotar de alma. Usará sus ojos para caminar, olfato alerta, oído presto, la lengua en ristre y las yemas afiladas; atrapará del aire enrarecido, debajo de un terco smog que enardece las retinas y entre el bullicio espeluznante, el prisma que está descomponiendo la luz en mariposas, la musa que seduce al oído frases de aromas inquietantes, una libélula rota que pide se…
Síganos