Ir al contenido principal

Entradas

José Carlos Mariátegui: «La Unidad de la América Indo-Española»

Los pueblos de la América española se mueven, en una misma dirección. La solidaridad de sus destinos históricos no es una ilusión de la literatura americanista. Estos pueblos, realmente, no sólo son hermanos en la retórica sino también en la historia. Proceden de una matriz única. La conquista española, destruyendo las culturas y las agrupaciones autóctonas, uniformó la fisonomía étnica, política y moral de la América Hispana. Los métodos de colonización de los españoles solidarizaron la suerte de sus colonias. Los conquistadores impusieron a las poblaciones indígenas su religión y su feudalidad. La sangre española se mezcló con la sangre india. Se crearon, así, núcleos de población criolla, gérmenes de futuras nacionalidades. Luego, idénticas ideas y emociones agitaron a las colonias contra España. El proceso de formación de los pueblos indo-españoles tuvo, en suma, una trayectoria uniforme. La generación libertadora sintió intensamente la unidad sudamericana. O...

Julio Ramón Ribeyro: Los eucaliptos

Entre mi casa y el mar, hace veinte años, había campo abierto. Bastaba seguir la acequia de la calle Dos de Mayo, atravesar potreros y corralones, para llegar al borde del barranco. Un desfiladero cavado en el hormigón conducía a "La Pampilla", playa desierta frecuentada solo por los pescadores. Los sábados íbamos allí, acompañados de la sirvienta y de los perros. En la playa estrecha y pedregosa —apenas un zócalo entre el barranco y el mar— pasábamos largas horas desenterrando patillos muertos, recogiendo conchas y caracoles. Los perros corrían por la orilla, ladrando alegremente al océano. Por las paredes del acantilado trepaba el musgo, la yerba salvaje, y caía un agua fina que bebíamos en la cueva de la mano. Matilde, nuestra sirvienta, iba siempre a la cabeza del grupo. A pesar de ser una moza, sabía multitud de cosas extrañas, como la gente crecida en el campo. Preparaba trampas para los gorriones, distinguía las matas de ortiga entre la maleza o ...

Hans Christian Andersen: La niña de los fósforos

¡Qué frío hacía! Nevaba y comenzaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero, ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes que las perdió al cruzar corriendo la calle para librarse de dos coches que venían a toda velocidad. Una de las zapatillas no hubo medio de encontrarla, y la otra se la había puesto un mozalbete, que dijo que la haría servir de cuna el día que tuviese hijos. Y así la pobrecilla andaba descalza con los desnudos piececitos completamente amoratados por el frío. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos, y un paquete en una mano. En todo el santo día nadie le había comprado nada, ni le había dado un mísero centavo; volvióse a su casa hambrienta y medio helada, ¡y parecía tan abatida, la po...

Alexandre Dumas: La dama pálida

La dama pálida, un cuento de Alexandre Dumas –Soy Polaca; nací en Sandomir, es decir, en un país donde las leyendas llegan a ser artículos de fe, donde creemos en nuestras tradiciones de familia tanto, o más quizá, que en el Evangelio. Ninguno de nuestros castillos deja de tener su espectro, ni existe una sola cabaña sin su espíritu familiar. Tanto en la mansión del rico como en la morada del pobre, en el castillo como en la choza, se reconoce lo mismo el principio amigo, que el principio enemigo. A veces entran en lucha y combaten. Entonces suenan en las galerías misteriosos rumores, rugidos espantosos en las viejas torres, terremotos terribles que estremecen las paredes, que obligan tanto a aldeanos como a caballeros a huir lo mismo de la cabaña que del castillo corriendo a la iglesia en busca de la cruz bendita o de las santas reliquias, únicos preservativos contra los demonios que nos atormentan. Pero otros principios combaten allí siempre cara a cara, principios más terribles, más...